Historia Masónica Cubana

La rica historia masónica de Cuba es tan extensa que nos vemos obligados a mostrar en esta redacción un resumen de la totalidad de los mismos, o sea los puntos más relevantes, que nos permiten mostrar al mundo lo grande que ha sido, es y será nuestra fraternidad en Cuba. La masonería no es una organización política, aunque en ocasiones sus miembros fueron perseguidos por causas políticas. Tampoco es una secta religiosa, aunque sus adeptos confiesan una fe absoluta hacia sus principios. En el pasado la Iglesia Católica los trató como a herejes y muchas monarquías los consideraban una amenaza fatal para sus coronas por su insistente vocación de oponerse a cualquier tiranía religiosa o política.
Sin embargo, todavía hoy, cuando la humanidad parece haber perdido su cordura, los masones se reúnen y trabajan regularmente con la esperanza de redimirla.
Pero, indudablemente, la masonería ya ha dejado atrás sus momentos más gloriosos, cuando los nombres de grandes literatos, músicos, y pensadores prestigiaban sus filas. Muy lejos ha quedado aquella época dorada en que Mozart escribía su cantata masónica "El elogio a la amistad", inspirado en los ideales de la hermandad, o los revolucionarios del 89 franceses gritaban por las calles de París el lema masón de Liberté, Egalité, Fraternité. Pero desde George Washington a Benito Juárez (sin olvidar a Walt Disney) es innegable la influencia social que ha tenido esta asociación fraternal en la historia moderna.
En Cuba la masonería también cuenta con un pasado ilustre, indisolublemente ligado a la formación misma de la nacionalidad y en sus filas militaron los hombres que luego lucharon por la independencia del país.
Quizás muchos piensen que sus antiguos ritos y liturgias ya no se avienen con el mundo postmoderno y que, como institución que se propone alcanzar el mejoramiento de la sociedad, aunque sin propiciar cambios sociales, ya resulta obsoleta. Paradójicamente, la masonería en la isla tiene ahora una membresía creciente, por lo que no resulta ocioso reflexionar sobre el papel de esta institución en la historia de la nación y su innegable resurgimiento en la actualidad.
El artículo primero, inciso I de la Constitución Masónica Cubana declara que "La masonería es la institución orgánica de la moralidad", la moral entendida como el respeto a sí mismo y a la sociedad en la que se asienta, y este criterio representa la aspiración a un estilo de vida por el que deben distinguirse los masones, no sólo dentro de la fraternidad, sino también en cualquier medio donde se encuentre.

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